lunes, 19 de noviembre de 2012
viernes, 20 de marzo de 2009
Virtud de la Fe
1. Introducción
Este trabajo pretende hacer una breve y sencilla reflexión sobre la Fe como virtud que da fundamento a las otras dos virtudes teologales, la esperanza y la caridad; el inicio de nuestra vida cristiana comienza por la fe, uno primero cree, para luego esperar y amar.
Mi intención al elegir este tema fue conocer más a fondo la fe y el acto de fe, digno de la persona humana, así poder dar mejores y más profundas respuestas a las exigencias de nuestro apostolado, no solo en un grupo de jóvenes, sino en el día de mañana en las aulas, cuando día a día tendremos que dar testimonio de Cristo Redentor. Conocer el acto de fe y la fe misma como virtud es esencial para poder encarar esta tarea educativa, sobre todo en los tiempos difíciles que vivimos, en la llamada postmodernidad con su cultura de la imagen, el consumo y la religión esotérica sincretista.
En este trabajo se expone desde la básica doctrina del Catecismo, pasando por grandes teólogos, como Santo Tomás, Royo Marín, Pieper y otros.
2. Las Virtudes Teologales
2.1. Las Virtudes Teologales
Las Virtudes Teologales son principios operativos con los cuales ordenamos directa e inmediatamente a Dios como Fin Último sobrenatural. Dios es el mismo objeto material y uno de los atributos divinos por objeto formal. Las virtudes teologales fundan, animan y caracterizan el obrar del cristiano. Estas le dan forma y vivifican las virtudes morales les dan sentido y las guían a su verdadero fin, y nos hacen capaces de obrar como hijos de Dios y merecer la vida eterna
Estas Virtudes en cuanto estrictamente sobrenaturales, solo pueden ser infundidas por Dios en el alma, y existencia solo puede ser conocida por la revelación. Estas virtudes constan en la Sagrada Escritura de forma clara e inequívoca; por ejemplo San Pablo: “El amor de Dios (Caridad) se ha derramado en nuestros corazones por virtud de Espíritu Santo, que nos ha sido dado”. (Rm.5,5). Ahora permanecen estas tres cosas: la fe, la esperanza, y la caridad; pero la más excelsa de ellas es la caridad (1Cor 13,13). También el Magisterio de la Iglesia: Dz 410; 483; 799; 800; y en el Concilio Vaticano II.
Las virtudes son Tres: Fe, Esperanza y Caridad. Y este número ternario se debe a que con ellas se realiza perfectamente la unión inmediata con Dios uno y trino, que exige su naturaleza de virtudes teologales, porque:
· La fe nos lo da a conocer y nos une con Él como Primera Verdad; como dice Santo Tomas “Sub ratione veri”;
· La esperanza nos lo hace desear como Sumo Bien para nosotros;
· La caridad nos une a Él con amor de amistad, en cuanto infinitamente Bueno en si Mismo.
Y no puede haber nuevos aspectos en la unión con Dios, puesto que, aunque las perfecciones divinas son infinitas, no pueden ser alcanzadas por los actos humanos más que bajo la razón de Verdad -por la inteligencia- o bajo la razón de Bien -por la voluntad-. Y solo ésta admite un desdoblamiento: Bien para nosotros: Esperanza; Bien en si mismo: Caridad.
Las virtudes conservan dos órdenes distintos: el de Generación y el de Perfección.
· Por el orden de Generación u origen: es una prioridad en el orden de la naturaleza, no en el orden temporal. Las podríamos ordenar de la siguiente manera :
* lo primero es conocer - la Fe,
* luego sigue el desear - la Esperanza,
* y por último el conseguir - la Caridad.
Esta gradación es por razón de los actos. Por razón de los hábitos es también la misma: la fe se antepone a la esperanza y esta a la caridad, ya que el entendimiento precede a la voluntad, y el amor imperfecto (del bien para nosotros) al perfecto (amor en si mismo).
· Según el orden de la Perfección: la Caridad es la más perfecta de todas, porque es la que más íntimamente nos une con Dios y la única de las tres que permanecerá eternamente en la Patria Celestial.
En cuanto a las otras dos, como virtud es más perfecta la fe que la esperanza ya que mira o dice relación a Dios en Sí Mismo, y la esperanza nos presenta a Dios como un Bien para nosotros, y además la fe es el fundamento de la esperanza. Pero por otra parte la esperanza está más cerca de la caridad, al buscar a Dios como Sumo Bien, y en este sentido es más perfecta que la fe.
Por último podemos decir que en que potencias del alma humana residen estas virtudes (según Santo Tomás):
· La fe reside en la inteligencia o entendimiento ya que es un asentimiento de la inteligencia a Dios y las verdades reveladas por Él. Como sabemos que el objeto de la inteligencia es la Verdad y el objeto de la fe es le mismo cuanto conocido por nosotros; luego podemos decir que la fe reside en la inteligencia.
· La esperanza y la caridad residen en la voluntad, porque el objeto de esta potencia del alma es el Bien; la esperanza nos hace desear a Dios como Sumo Bien para nosotros, y la caridad nos lo hace amar (facultad de la voluntad) como un Bien en sí mismo; luego podemos decir que estas dos virtudes residen en la Voluntad.
2.2. Diferencia de las Virtudes Teologales con la Morales o Cardinales
Antes de diferenciarlas vamos a dar una breve definición de las virtudes cardinales: “Las virtudes humanas son actitudes firmes disposiciones estables, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, pasiones y “guían nuestra conducta según la recta razón y la fe”[1]. Son hábitos operativos buenos.”
Las virtudes morales o humanas se adquieren mediante las fuerzas humanas. Son los frutos y los gérmenes de los actos morales buenos. Disponen todas las potencias del ser humano hacia el su fin, el Sumo Bien y la Verdad, que es Dios mismo.
Cuatro de estas virtudes desempeñan un papel fundamental, son la Prudencia, la Fortaleza, la Justicia y la Templanza; en base a estas se clasifican y se ordenan todas las demás.
Podemos diferenciar dos cosas principalmente:
· Las virtudes teologales ordenan las potencias del hombre al Fin Sobrenatural.
· Las virtudes cardinales disponen las potencias con relación a los medios.
· Las primeras responden en el orden de la gracia (ya que son dadas por Dios junto con ella), son en el orden de la naturaleza los principios que ordenan al hombre a su fin sobrenatural.
· Las segundas, responden a las virtudes adquiridas, que perfeccionan al hombre en relación a los medios.
3. La Fe en El Catecismo y Los Documentos del Concilio Vaticano II
En esta obra maestra de la Iglesia Católica, dedica páginas e innumerables parágrafos a esta “palabra” : Fe; ya sea como la fe de los apóstoles, la fe la Iglesia, el depósito de la fe, el acto mismo de fe, la vida de la fe como respuesta del hombre a Dios, la virtud propiamente dicha y en relación a los sacramentos.
El enfoque es eminentemente teologal y es de suma utilidad para tener una base para el trabajo pastoral, y también para el inicio de un estudio serio del tema.
Veamos brevemente algunos de los puntos que rescata el Catecismo sobre el tema de la Fe como virtud, la definición y sus características principales:
La Fe es la respuesta del Hombre a Dios. “Por la fe, el hombre somete completamente su inteligencia y su voluntad a Dios”, esto es la “Obediencia de la fe”[2] citando como ejemplos de la misma a Abraham, “Padre de todos los creyentes”[3], y a María, con el “fiat mihi”[4]; este es el total sometimiento libre de la persona humana a Dios que nos ama y busca para nuestra felicidad.
La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios y el asentimiento libre a todas las verdades reveladas por Él[5]. San Pablo nos dice es 2Tm. 1,12: “Yo se en quien tengo puesta mi fe”, esto es creer en sólo en Dios Uno y Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Las características de la fe:
· La fe es una gracia: Cuando uno reconoce a Dios y Jesús su hijo, verdadero Dios y verdadero hombre, “esta revelación no le viene de la carne y de la sangre, sino de mi Padre que está en los cielos” (Mt. 16,17).[6]. La fe es un don de Dios, una virtud sobre natural infundida por Él. Para poder dar esta respuesta de la fe es necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda, junto con el auxilio interior del Espíritu Santo. Que mueve el corazón hacia Dios.
· La fe es un acto humano: creer es un acto auténticamente humano. No es contrario ni a libertad ni a la inteligencia del hombre depositar su confianza en Dios y adherirse a las verdades reveladas por Él. Menos contrario a nuestra dignidad presentar por la fe la sumisión plena de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad al Dios que revela y entrar en unión íntima con Él. En la fe, la inteligencia y la voluntad humanas cooperan con la gracia divina.
· La Fe y la inteligencia: Creemos a causa de Dios que revela y que no puede engañarse ni engañarnos. El reveló signos ciertos adaptados a la inteligencia de todos, lo cual se afirma que la fe no es un movimiento ciego del espíritu.
La fe es cierta: porque se funda en la palabra de Dios. “La certeza que da la luz divina es mayor que la luz de la razón natural”[7].
La fe trata de comprender: es inherente a la fe que el creyente quiera conocer mejor en quien tiene puesta su fe, y comprender mejor lo que ha sido revelado, así tendrá una mayor fe encendida con amor. Esta mayor inteligencia de la revelación es perfeccionada por los dones del Espíritu Santo. “Creo para comprender y comprendo para creer mejor”.
Fe y Ciencia: A pesar de que la fe esté por encima de la razón, jamás pueden estar en desacuerdo. “Por eso, la investigación metódica en todas las disciplinas, si se procede de un modo realmente científico y según normas morales, nunca estará realmente en oposición con la fe, porque las realidades profanas y las realidades de fe tienen su origen en Dios”[8].
· La libertad de la fe: “El hombre, al creer, debe responder voluntariamente a Dios... ...En efecto, el acto de fe es voluntario por su propia naturaleza”. Tomando el ejemplo de Jesús que jamás forzó a nadie, sino que invitó a al fe y a la conversión.[9]
· La necesidad de la fe: creer en Cristo y en Dios es necesario para nuestra salvación. Porque sin la fe es “imposible agradar a Dios” (Hb. 11,16). Por ella tenemos la justificación y quien persevere en ella hasta el final se salvará (Mt.10,22; 24,10).
· La perseverancia en la fe: La fe es un don gratuito que Dios da al hombre, y este don podemos perderlo: “Combate el buen combate, conservando al fe y la conciencia recta; algunos, por haberla rechazado, naufragaron en la fe” (1Tm. 1, 18-19). Para poder perseverar en la fe debemos alimentarla con la Palabra de Dios, “ella debe actuar por la caridad, ser sostenida por la esperanza y estar enraizada en la fe de la Iglesia”.[10]
La fe comienzo de la vida eterna: La fe nos hace gustar de antemano el gozo y la luz de la visión beatífica, fin de nuestra vida en la tierra. Entonces veremos a Dios tal cual es, por eso es comienzo de la vida eterna. Debemos saber que la fe es estar en camino y no la visión, por lo tanto ella puede ser puesta a prueba, y en esos momentos debemos volvernos a los testigos de la fe como Abraham y María.
4. La Virtud de la Fe
La fe es una virtud teologal infundida por Dios en el entendimiento, por la cual asentimos firmemente a las verdades divinamente reveladas por la autoridad o testimonio del mismo Dios que revela.
En estas palabras están expresados todos los elementos esenciales que deben entrar en una definición:
· genero próximo: virtud teologal infusa;
· diferencia específica: asentimiento intelectual, a diferencia de la esperanza y la caridad, por las que la voluntad ama a Dios, como Sumo Bien;
· objeto material y formal: Dios sobrenaturalmente conocido como Verdad primera y todas las verdades reveladas en orden a Dios;
· motivo formal: por la autoridad del mismo Dios, que no puede engañarse ni engañarnos.
Al revelarnos su vida íntima y los grandes misterios de la Gracia y de la Gloria, Dios nos hace ver las cosas desde un punto de vista “divino”, tal como las ve Él. Nos hace percibir armonías del todo sobrenaturales que jamás, el hombre, con su inteligencia, podría haber alcanzado con sus propias fuerzas naturales.
El asentimiento a las verdades de la fe es de suyo firme y certero, fundado en la autoridad de Dios que revela. Pero como las verdades reveladas permanecen para nosotros oscuras e inevidentes, a de intervenir la voluntad, movida por la gracia, para imponer al entendimiento aquel asentimiento firmísimo; no por la evidencia intrínseca de que carecen para nosotros esas verdades, sino únicamente por la autoridad infalible de Dios, que no puede engañarse ni engañarnos.
En este sentido es acto de fe es Libre, Sobrenatural y Meritorio.
La fe es incompatible con la visión intelectual o sensible (evidencia, el objeto con “presencia absoluta” ante mi). De suyo es de “non vinsis” (invisibles a los ojos), por en el cielo, con la visión beatífica, la fe desaparecerá ya que será sustituida por la “visión facial”, veremos a Dios “cara a cara”.
La fe es la primera virtud cristiana, como ya mencionamos anteriormente, en cuanto fundamento de las demás; sin ella no existen las otras, “como sin fundamento no puede haber edificio”[11]. Si bien la caridad es más excelente que la fe y que todas las demás virtudes infusas, en cuanto que dice en relación a Dios de modo más perfecto y en cuanto forma de todas ellas. Sin la caridad ninguna virtud puede ser perfecta.
El concilio de Trento dice que la fe es comienzo, fundamento y raíz de la justificación, y que sin ella es imposible agradar a Dios, y llegar a formar parte de sus hijos.
· Comienzo porque establece el primer contacto entre nosotros y Dios, en cuanto autor del orden sobrenatural; lo primero es creer en Él.
· Es el fundamento, en cuanto que todas las otras virtudes presuponen la fe y en ella estriban, sin la fe es imposible esperar o amar.
· Es la raíz, porque de ella, informada por la caridad, arrancan y viven todas las demás; en cuanto primera en el orden de generación como ya mencionamos.
La fe informada por la caridad produce dos grandes efectos en el alma: le da un temor filial hacia Dios, que le ayuda a apartarse del pecado; y la purifica de corazón, elevándolo a las alturas y limpiándolo del efecto de las cosas terrenales.
En la teología suelen distinguirse distintas formas de la fe.
La fe puede considerarse:
· Por parte del sujeto que cree : Fe Subjetiva
· Por parte del objeto creído : Fe Objetiva
La Fe Subjetiva
admite las siguientes subdivisiones :
· Fe Divina: por la que creemos en todo cuanto ha sido revelado por Dios.
· Fe Católica: por la que creemos todo lo que la Iglesia nos propone como divinamente revelado.
¨ Fe Habitual: que es un hábito sobrenatural infundido por Dios en el Bautismo, o justificación del infiel.
¨ Fe Actual: que es el acto sobrenatural procedente de aquel hábito infuso (por ejemplo el acto sobrenatural por el que creemos aquí y ahora que Dios es Uno y Trino).
à Fe Formada: (o viva), que es la fe que va unida a la caridad (estado de gracia y es perfeccionada por ella como forma extrínseca de todas las virtudes).
à Fe Informe: (o muerta), que es la que está separada de la caridad en un alma creyente en pecado mortal.
* Fe Explícita: por la que se cree tal o cual misterio revelado por Dios.
* Fe Implícita: por la que se cree todo cuanto ha sido revelado por Dios, aunque lo ignoremos detalladamente (verdades implícitamente reveladas).
v Fe Interna: si permanece en el interior de nuestra alma.
v Fe Externa: si se manifiesta al exterior con palabras y signos.
Fe Objetiva
se subdivide de la siguiente manera :
· Fe Católica: que está constituida por las verdades reveladas por Dios a todos los hombres, para obtener la vida eterna (o sea: todo lo contenido en la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura, tanto explícitamente como implícitamente). Obliga a todos.
· Fe Privada: que está constituida por las verdades que Dios manifiesta, a veces, sobrenaturalmente a una persona determinada (v.gr. los santos y santas de la Iglesia). Obliga solo a la persona que la recibe.
* Fe Definida: que afecta a aquellas verdades que al Iglesia propone explícitamente a la fe de los fieles bajo pena de herejía y excomunión. (Los dogmas de fe).
* Fe Definible: que se refiere a aquellas verdades que todavía no han sido definida por la Iglesia como dogma de fe, pero que pueden ser definidas por encontrarse explícitamente o implícitamente en el depósito de la divina revelación. (Los dogmas de fe antes de su definición).
à Fe necesaria con necesidad de medio: que afecta a aquellas verdades cuya ignorancia aun inculpable, impide en absoluto la salvación.
à Fe necesaria con necesidad de precepto: que está constituida por todas aquellas verdades que la Iglesia propone a la fe de sus fieles, pero cuya ignorancia inculpable no compromete la salvación.
5. Análisis del Acto de Fe
Sin duda además de las definiciones que se puedan dar, buscar, hacer y explicar lo que más me interesa es cuanto al tema de al fe es el análisis de este acto, el cual nos da el mérito de salvación, no solo saber que es la fe, sino además tener fe.
Este es un análisis de índole racional, es decir filosófico, sumamente importante para poder dar respuesta en nuestra sociedad contemporánea de tan excelente acto que dignifica al hombre cuando este se reconoce como hijo de Dios, hecho a imagen y semejanza suya por su libre voluntad, cuando el nos habla, se revela y nos muestra su misma vida intima, por amor, que jamás hubiéramos llegado a conocer con nuestras solas fuerzas naturales.
5.1. Cuatro Aspectos del Acto de Fe
La fe puede entenderse como virtud o acto. En esta parte del trabajo vamos a prescindir del estudio de la fe como virtud para dedicarnos al acto de fe. Ahora bien, el acto de fe es un acto complejo, que consta de varios elementos. Al analizarlo vemos que este acto de fe está compuesto de elementos Psíquicos, Lógicos y de objetos reales, por lo que interesará a tres ciencias filosóficas: la Psicología, a la Lógica y a la Ontología.
Por otra parte los objetos que en el acto de fe aprehendemos, son objetos muy particulares. Pertenecen a una especial modalidad de la realidad, que puede llamarse la realidad sobrenatural o divina haciéndolo también que interese a la ciencia de la realidad sobrenatural o divina, a la que llamamos Teología.
Son cuatro las facetas que el acto de fe presenta dando cara a cuatro ciencias distintas: la Psicología, lógica, ontología y la Teología.
El acto de fe, en la unidad esencial que tiene, presente diversos problemas:
· Lo estudia la teología como fundamento primordial de esta disciplina la cual es ciencia, justamente porque el acto de fe es acto válido de conocimiento objetivo.
· Lo Psicología lo estudia como acto objetivo del alma; e indaga si es acto de toda el alma o de una o varias facultades del alma, y si es acto de todas las almas o de algunas tan solo, y de cuales.
· Lo estudia la Lógica para buscar el fundamento de validez que queda conceder a las afirmaciones de la fe.
· Por último lo estudia el metafísico o el ontológico en cuanto a la índole de la realidad u objetividad sobre la que recae.
En el estudio completo del acto de fe tendría que considerarse esas cuatro ciencias, como complementarias y no contradictorias una con otras.
5.2. El Objeto y Acto de Fe
En el acto de fe debemos distinguir ante todo el Sujeto, por una parte, y el Objeto, por otra. Como fenómeno psíquico el acto de fe es intelectual; es decir, se refiere a un objeto.
Una cosa es el pensamiento y otra lo pensado por el pensamiento; una cosa es la volición y otra lo querido por la volición. Todo pensamiento es pensamiento de algo, toda sensación es sensación de “algo”, todo deseo es deseo de “algo”. Y ese “algo” pensado, sentido o querido, no puede confundirse ni identificarse con el acto subjetivo de pensarlo, sentirlo o quererlo. Ese “algo” es el objeto intencional del fenómeno psíquico o del sujeto.
El Sujeto y el Objeto se hallan el uno frente al otro. El acto de fe recae sobre un objeto, lo que le es esencial. Si no hay objeto, sobre el cual incida el sujeto, no hay acto de fe.
Pueden ser dos las causas que anulen el acto de fe:
a) o que el sujeto se quede sin objeto, es decir que quiera el hombre (sujeto) verificar el acto de fe, pero no encuentra objeto sobre el cual pueda hacerlo recaer;
b) o que el objeto se quede sin sujeto, que habiendo objeto sobre el cual pueda el acto recaer, no, quiera el hombre (sujeto) verificar el acto de fe.
Así por ejemplo: si ante el juez se presenta a declarar un testigo a quien, por las razones que fueran, el juez está dispuesto a creer, y este testigo no declara nada concreto, el juez no puede verificar acto de fe porque no hay materia sobre que recaiga este acto. Inversamente, si ante el juez se halla declaración terminante y concreta presentada por un testigo, a quien el juez, por la razón que fuera no está dispuesto a creen, entonces el juez no verifica acto de fe, aunque hay objeto sobre el cual este acto pueda recaer.
Se requiere para que halle acto de fe la confluencia del sujeto y del objeto. El acto lo pone el sujeto pensante. En cambio el objeto lo halla el sujeto ante sí, no lo pone por sí mismo, pues sí lo pusiera por sí mismo no sería ya el objeto sino una posición del sujeto, pertenecería al sujeto y no al objeto del acto. Mas una vez que confluyen en un mismo punto el “acto del sujeto” y “la realidad del objeto” procediendo de orígenes opuestos, veremos como se constituyen el acto de fe; ¿Cómo se constituye el acto de fe? : el acto consiste en asentir al objeto es decir que si al objeto, afirmar el contenido del objeto. Pero esto no distinguiría al acto de fe de cualquier otro juicio, las diferencias son:
· que en el asentimiento del juicio a su objeto, la causa del asentimiento se halla en el carácter de evidente que tiene el objeto;
· mientras que en el acto de fe asentimos a un objeto que no tiene ese carácter de evidente.
5.3. Evidencia e Inevidencia
La evidencia es la presencia integral del objeto ante mí, en mi intuición intelectual. Entiendo por presencia integral, ese modo de estar el objeto ante mí, que consiste en ofrecerse a mi intuición él mismo (y no un sustituto o representante suyo), y en toda su integridad (sin faltarle nada, sin ser mero fragmento), y en total desnudez, sin nada que oculte su esencia y estructura.
Cuando todo esto se cumpla, está el objeto en presencia integral ante mí y tengo intuición de evidencia, de suerte que no puedo concebir como posible que el objeto no sea y no sea precisamente lo que es.
Así, cuando pienso 2+2=4 tengo intuición de la evidencia de estos objetos. En cambio cuando pienso en el dogma de la Santísima Trinidad, creo y por tanto se que verdadero pero no tengo intuición de su evidencia.
a) Asentir al objeto evidente o del que tengo intuición de evidencia parece empero un acto inevitable, aunque quisiera no podría dejar de verificarlo, pues automáticamente lo afirmo. No interviene la voluntad, no puedo negar lo evidente si verdaderamente me es evidente.
b) En cambio, cuando asiento a un objeto no evidente, ha tenido que intervenir “algo” que, no siendo parte del objeto mismo, halla inclinado a verificar el acto de asentimiento.
Ejemplo: si veo a mi amigo Juan, tengo intuición de evidencia del “objeto” llamado “mi amigo Juan”; y verifico el acto de juicio consistente en afirmar que aquí está Juan.
Pero si Juan me dice que nuestro amigo Pedro está enfermo, yo no tengo intuición de evidencia de “Pedro está enfermo”. Entonces, no está ente mi en presencia integral el objeto “Pedro está enfermo”. Entonces, si a pesar de está inevidencia creo que Pedro está enfermo, será por “algo” que se haya añadido a mi intuición actual de la inevidencia. Verificaré el acto de fe de creer que Pedro está enfermo, porque me lo ha dicho Juan. Este es el elemento nuevo que se añade para inclinarse a afirmar el objeto, del cual no tengo intuición evidente.
En el acto de fe y afirmación del objeto no se funda en la evidencia del objeto mismo (evidencia inexistente), ajena al objeto y a mi, que no mueve directamente mi entendimiento a la afirmación del objeto sino que persuade mi voluntad para que esta verifique el acto del entendimiento de asentir al objeto no evidente.
Ese elemento nuevo es la frase “porque me lo ha dicho Juan”. Es una persona en la que yo confío. Si en el acto de fe yo asiento a un objeto que es inevidente como si fuera evidente, es porque existe una declaración de otra persona, al cual tiene autoridad ante mí. Es decir que para que haya acto de fe hace falta una declaración o revelación que parta de otra persona y que llegue a mí.
Esta persona y su declaración deben tener, entonces, autoridad; es decir, que debe haber motivos y razones extrínsecas y generales que me impulsen a creer lo que declara esa persona, aunque no sea evidente.
Así, a Juan le creo porque acaba de venir de la casa de Pedro; como al astrónomo le creo que habrá un eclipse de sol porque tiene autoridad en cuestiones de eclipse.
Por lo tanto, en el acto de fe tenemos:
· un asentimiento del intelecto a un objeto inevidente,
· asentimiento que viene impulsado por la voluntad,
· en vista de la declaración de una persona revestida de autoridad.
5.4. Autoridad Relativa y Absoluta
El poder persuasivo de la declaración es variable, y esto depende de tres factores:
a) del Declarante,
b) de la Relación entre el Declarante o la persona y la declaración,
c) de la Declaración.
a) La Persona Declarante, independientemente de la declaración concreta, puede tener más o menos “autoridad”, por toda una serie de propiedades, virtudes o defectos intelectuales y morales que “calibran” la autoridad de la persona.
b) La autoridad de la persona varía en relación con la cosa declarada. Si su declaración tiene que ver con su especialidad o profesión su autoridad puede ser aumentada, a pesar de los defectos de la persona; como también esta autoridad puede ser disminuida si el declarante no sabe o no está especializado en la cosa que declara, y tiene contradicciones y olvidos.
c) Por último, el contenido mismo de la Declaración, considerado aisladamente y sin relación con la persona declarante, tendrá autoridad independientemente del crédito del declarante, si es precisa, definida y coherente.
A cada momento la persona verifica actos de fe. Cada pregunta que hacemos prepara el acto de fe en la respuesta que va a sobrevenir. Son innumerables la cantidad de actos de fe que verificamos cada día sin los cuales no podríamos vivir. La vida se alimenta esencialmente de actos de fe.
Ahora bien, no concedemos el mismo valor a todos los actos de fe: podemos conceder crédito completo a una declaración, aceptarla con dudas y reservas o considerarla sumamente improbable y no creer en ella.
Estos diferentes “créditos” que concedemos a las diferentes declaraciones dependen de la autoridad personal del declarante (Persona); la autoridad del declarante en relación con lo declarado (Relación); y también del contenido mismo de la declaración (Declaración).
Ahora supongamos que nos encontramos con una declaración verificada por un declarante de autoridad “absoluta”. La autoridad absoluta (contrario a relativo) será una autoridad que:
a) No pueda concebirse otra mayor
b) No puede disminuir por ninguna circunstancia intrínseca a la declaración o extrínseca a ella. Por lo tanto si nos encontramos ante una declaración verificada por un declarante de autoridad absoluta, tendríamos que prestarle el máximo crédito o fe.
Aunque el contenido de la declaración fuese para nosotros, inevidente u oscuro, tendríamos que prestarle el máximo grado de Fe, puesto que si tiene autoridad Absoluta, es la mayor concebible y no cambia porque el contenido de la declaración sea más o menos inteligible. Además debemos tener que esta persona con autoridad absoluta, por definición, no puede emitir una declaración que sea contradictoria, o que afecte dicha autoridad.
El declarante de autoridad absoluta, que no puede emitir declaración contradictoria por más que sea oscura e incomprensible, siempre revela la Verdad.
Este declarante es Dios. Luego:
a) No puede hacer declaraciones en sí contradictorias;
b) A las declaraciones de su autoridad absoluta debemos asentir con Fe absoluta.
Por lo tanto ya tenemos una base para poder clasificar los Actos de Fe: Una base Personal.
Entonces podemos clasificar los Actos de Fe según la autoridad de la persona declarante:
· Actos de Fe que verificamos en vista de declaraciones hechas por el declarante de Autoridad Absoluta, Dios : “Actos de Fe Religiosa”
· Actos de Fe que verificamos en vista de declaraciones hechas por declarantes de Autoridad Relativa, hombres : “Actos de Fe Humana”
Se distingue uno del otro, entonces, por la índole, relativa o absoluta, de la autoridad que empuja a la voluntad a prestar el asentimiento al “objeto inevidente”.
Además de este principio existe otro que se base en el objeto mismo de la declaración.
5.5. Inevidencia y Ausencia Relativa y Absoluta
Ya vimos que en el acto de Fe es esencial que el objeto sea inevidente. Si fuera evidente, no habría acto de Fe sino, “Juicio de Razón”. El objeto es inevidente porque no me está presente con “presencia integral”, como el objeto evidente, sino que está “ausente”.
Hay varios modos de estar ausente:
1. Porque está en otro lugar del espacio : cuando el objeto no está en el lugar donde yo estoy;
2. Porque está en otro lugar del tiempo : cuando el objeto no está en el momento en que yo estoy;
3. Porque excede al capacidad de mi entendimiento.
Y este último permite dos posibilidades:
3a)Que exceda accidentalmente la capacidad de mi entendimiento : cuando el objeto no está accidentalmente en el área de mi capacidad intelectual;
3b)Que exceda esencialmente la capacidad de mi entendimiento: cuando el objeto, por su esencia misma, no puede estar en el área mi capacidad intelectual.
Los tres primeros modos de ausencia (exceptuando el que excede esencialmente la capacidad de mi entendimiento) mantienen entre sí una relación de gran afinidad. Estos tres modos de ausencia son, en principio remediables, no so absolutos, no representan una ausencia absoluta, sino relativa.
Por Ejemplo: (de cada punto)
1. Si me dan datos geográficos de una región de que no conozco (Santa Cruz), que nunca visité, las puedo creer, hago un acto de fe en ellos. El objeto es inevidente, porque está ausente. Pero puedo, sin embargo, ir a visitarla. No hay ninguna imposibilidad absoluta para que lo haga.
2. Si yo leo la historia de José de San Martín, yo no puedo esperar retornar a esa época para conocerlo y verificarla; pero esto no significa que el objeto histórico este ausente absolutamente; porque ya otros hombre lo conocieron al con total evidencia. Por lo tanto la ausencia actual de ese objeto histórico, aunque irremediable, es relativa.
3a.El hecho de no conocer, o no entender ahora la “teoría de la relatividad”, puedo sin embargo, llegar a entenderla algún día, después de mucho estudio e investigación. Por lo tanto no hay una imposibilidad absoluta de que la entienda algún día, es decir, que está ausente de mi capacidad intelectual relativamente.
En conclusión: en estos tres modos de “ausencia”, el carácter actualmente inevidente del objeto, lo es solo “para mi”. Pero puede compensarse con otras mentes, tan humanas como la mía, en donde el objeto es o ha sido evidente.
3b.En cambio el objeto que está ausente con ausencia esencial no puede llegar a estar presente en ningún intelecto humano ni ha estado presente en ninguno nunca.
Por eso podemos clasificar los actos de fe, respecto de su ausencia en:
a) Actos de fe cuyo objeto está relativamente ausente.
b) Actos de fe cuyo objeto está Absolutamente ausente.
Hasta acá, hemos clasificado los actos de fe según: la autoridad y el objeto.
a) según el primero: los actos de fe se clasifican por la Autoridad relativa o absoluta del Declarante.
b) Según el segundo: los actos de fe se clasifican por la Ausencia relativa o absoluta del objeto.
Y de esto deducimos que:
Þ los Actos de fe hechos sobre declaraciones de autoridad relativa se identifican con los Actos de fe en objetos relativamente ausentes.
Þ los Actos de fe hechos sobre declaraciones de autoridad absoluta se identifican con los Actos de fe en objetos absolutamente ausentes.
Þ La autoridad relativa declarante (humana), siempre se refiere a objetos ausentes con ausencia relativa;
Þ La autoridad absoluta del declarante (Dios), se refiere a objetos ausentes con ausencia absoluta.
Por eso coinciden estas dos clasificaciones.
5.6. El Verdadero Acto de Fe
Ahora bien, si consideramos lo dicho hasta acá, veremos que verdadero acto de fe es el acto de fe religiosa, es más pleno y perfecto. Los otros, los actos de fe humana, recaen sobre objetos relativamente ausentes, lo cual los hace imperfectos y no son rigurosamente actos de fe. Son los que diariamente verificamos, son todos ellos actos de fe imperfectos, es decir, siempre susceptibles de convertirse en juicios de razón evidentes.
En cambio, ningún hombre a podido, en esta vida terrestre, tener la evidencia o “presencia integral” de la Santísima Trinidad. Solamente los Actos de Fe religiosa, es decir, los que se refieren a objetos absolutamente ausentes y se fundan en una autoridad absoluta (de Dios) son Actos de Fe Perfectos.
“Todo acto de fe imperfecto es como el papel moneda, que por sí mismo no vale pero que vale sin embargo, como sustituto del oro o del trabajo que lo avala.”
(García Morente)
5.7. Condiciones Objetivas del Acto de Fe
Encontramos para que pueda haber un acto de fe, ciertas condiciones objetivas que son requisitos objetivos indispensables para que se produzca el acto; estos son tres:
a) Que exista una persona declarante, es decir que haya Dios: La Existencia de Dios.
b) Que exista una declaración, es decir que Dios le comunique al hombre una revelación o una declaración: La Revelación.
c) Que la declaración declare un objeto absolutamente ausente del área intelectual humana, es decir que lo que revele al hombre no podría llegar a conocer por sus propios medios naturales de conocimiento: El Dogma.
Estas son las tres condiciones ontológicas del acto de fe. Basta con negar una sola de estas condiciones para que no pueda haber acto de fe; como por ejemplo:
* Si Dios no existe, no hay revelación ni dogma, luego no hay acto de fe, como propone el Ateísmo.
* Si Dios existe, pero no revela nada al hombre, no hay declaración, no hay revelación donde recaiga el acto de fe, luego no hay acto de fe, como propone el Teísmo.
* Si Dios existe y revela algo al hombre, pero esa declaración no es Dogma (Verdad objetiva que esta absolutamente ausente al alcance del entendimiento humano), sino una opinión personal sujeta a la libre interpretación de cada individuo humano (sujeto a los vaivenes emocionales de la persona, independientemente del objeto), anula el acto de fe porque ya el objeto no es la Verdad del Dogma Revelado por Dios, absolutamente ausente al alcance del entendimiento humano, sino que el objeto del acto ha sido elaborado por la inteligencia personal y en cierto modo incorporado con presencia integral al área de la razón (no está absolutamente ausente); luego no hay acto de fe, como propone el Protestantismo.
En este último el subjetivismo sustituye el sentimiento religioso personal por el acto de fe objetivo. Convierte la religión en un vago suspiro sentimental del alma.
6. Conclusión
6.1. La Fe en Nuestros Tiempos
Sin duda alguna, nuestros tiempos es uno de los más difíciles de toda la historia de la Iglesia. Estamos enfrentados a la llamada “postmodernidad”, que como su nombre lo indica es el tiempo pasado a la modernidad, “el hombre se siente alienado, desencantado, triste, inseguro, ha perdido la metafísica del hogar, no logra sentirse en “casa” ni en la sociedad, ni en el cosmos, ni con si mismo”[12]. Es el tiempo de la caída de los grandes relatos de la modernidad, ya no se cree en las utopías que ella planteaba.
Hoy en nuestra tarea evangelizadora, no nos encontramos con postulados racionalistas que den un fundamento de si el acto de fe es o no real, si Dios existe o no, si la idea tiene supremacía sobre la realidad o viceversa, etc... Nos encontramos con:
1) Masificación y Gregarismos que se pueden observar en :
· canciones, bebidas, modas, consumos, deportes: uno busca el calor del grupo (ser uno más del rebaño).
· Por otro lado es racista y discriminador creándose mil colectividades heterogéneas entre sí;
· Están juntos pero solos, vacíos, se convierten islas (depresiones y suicidios)
· Códigos selectivos tanto del lenguaje como de formas de ser (boliche, club, pinta, bulimia, anorexia)
2) Apología del hedonismo :
· Donde el gozar es el alfa y el omega de la sociedad. Fin que justifica cualquier medio: droga, sexo, etc.
· Sexo inmediato, sin temporalidad ni compromiso.
3) La “Religión” del Consumo :
· “Se toca - se compra - se usa - se tira: “vivir en clave de supermercado”. La gran idolatría : autogratificación
· Zapping: elegir - consumir - imágenes - sonidos - productos.
4) Absolutización de la Libertad :
· Todo se puede - no hay límites - no hay códigos - no hay penas.
· “Rompe los frenos, quita el veneno, vive libre... ¿aún sos esclavo de la contención? (grupo rockero Kiss).
· no hay horarios - tiempos - conductas que dicen si o no con igual frescura. El único código : “Me gusta - No me gusta”; “Estoy en honda - No es mi honda”
· El código soy yo; la ley soy yo; es mi sentimiento.
5) Renuncia a la Razón o cuando esta se convierte en un sentimiento :
· La razón produce monstruos, dice y siente la “postmodernidad”.
· Vale lo espontaneo no lo racional.
· Avalancha de información: acoso a los instintos y a los estímulos sensuales o sensoriales.
· El postulado es: “gozo luego vivo” (hedonismo).
6) El Hombre “light” :
· Light en lo dietético, en lo ético, en lo intelectual...
· Culto al cuerpo: no perder juventud, los diets, sin calorías.
· Hay que resignarse a convivir con la desfundamentación del pensamiento.
· Nada de vivir el evangelio sin glosa.
7) Vuelta a lo “religioso” :
· la “postmodernidad” se caracteriza por una vuelta a lo religioso - esotérico (cruces, demonios, peregrinaciones, set, brujos, paes, todo mezclado). Esta religión es: sin compromiso ni profundidad; sin ética ni relación jerárquica. Una religión “a la carta”: lo que me gusta y cuando me guste. Sin coherencia entre la expresión religiosa y la moral. De gran testimonialidad, pero nulo en la constancia de cada día; un dios a su medida, un dios “a la carta”, dios inclinado y mágico hacia el hombre.
· En la modernidad se prescinde de Dios y, según Chesterton: “el que deja de creer en Dios cree en todo”. Gurús, adivinos, videntes, etc., las teosofías, angelologías... Al hombre postmoderno le gusta preparar su cóctel religioso, una especie de alquimia casera, compuesta de... “un poco de todo”. Una religión confortable, alérgica a toda exigencia radical.
Ante este panorama aparentemente desolador, incrédulo, egoísta y desesperanzador, (postulado por la pseudo religión “New Age”), se nos hace difícil ver con claridad el horizonte hacia donde tenemos que caminar. Se complica mucho, en la tarea evangelizadora, poder dar fundamentos racionales de nuestra fe, ya que el parámetro no es racional sino sentimental, pero tampoco podemos rebajar a Dios a un plano meramente sentimental para que lo acepten o crean en Él.
A mi parecer, lo último que pierde un cristiano es la esperanza, sobretodo sabiendo que la victoria final es nuestra; por lo tanto lo importante en esta tarea encomendada por el mismo Cristo, de predicar el evangelio a todos los pueblos, es que resistamos en la fe y no caigamos en ese continuo devenir de placeres, perseverar hasta el final, buscando por todos los medios de ser fieles instrumentos en las manos de Dios, y esto solo lo logramos si Él nos acoge con su Gracia. Solo es posible resistir en la fe, para predicarla, si Dios nos da esta virtud teologal que es fundamento de las demás y para eso hay que pedirla y mantenerla con obras, porque “la fe sin obras es fe muerta”.
“La Iglesia de los primeros tiempos fue la Iglesia de los mártires, la de nuestro tiempo vuelve a ser Iglesia de Mártires”[13]. Estas palabras son una exhortación a la Santidad, en tiempos difíciles son necesarios los santos, y a eso estamos llamados desde el principio. Estamos obligados todos los CRISTIANOS a dar testimonio de Cristo muerto y resucitado, no tanto de palabra sino, hoy más que nunca, testimonio de vida hasta el martirio, que no va a ser la crucifixión física, sino la humillación espiritual, la vergüenza pública, el descrédito, la ofensa, la perdida del honor... cada martirio debe llenarnos de alegría porque estamos siendo Cristos, estamos asemejándonos a Él.
En este mundo “postmoderno” siempre hay personas que Dios las llama a sus filas y nosotros tal vez seamos el medio por el cual ese prójimo se bautice, por eso debemos estar siempre alertas, con cuidando y aborreciendo el pecado y buscando la gracia de Dios, y gozándonos en cada martirio porque “felices lo que sufren por mi causa porque suyo es el reino de los cielos...”
Matías E. Zubiría Mansilla
Bibliografía
* Biblia de Jerusalén.
* Documentos del Concilio Vaticano II; Ed. de bolsillo de la BAC; 5ta. Edición, Madrid 1968.
* Juan Pablo II; “En las puertas del tercer milenio”; Ed. Paulinas.
* Catecismo de la Iglesia Católica; Conferencia Episcopal Argentina, 1993.
* Santo Tomás de Aquino, “Suma Teológica”, Club de Lectores, Bs.As. 1944.
* Pieper, Josef; “Virtudes Fundamentales”; Ed. RIALP 5to. Centenario; Bogotá 1988.
* Ott, Ludwig; “Manual de Teología Dogmática”; Ed. Herder; 6ta. Edición, Barcelona 1969.
* Royo Marín, Antonio O.P.; “Teología de la Perfección Cristiana”; BAC; Madrid1968.
* García Morente, Manuel; “Análisis ontológico de la Fe”; Apunte de la Conferencia dada en los cursos de la Universidad de Oviedo, 1942.
* Fosbery, Aníbal E. O.P.; “Las Virtudes Teologales”; Transcripción de la conferencia dada en el albergue nacional de Padres de Familia de F.A.S.T.A. en Córdoba, 1986.
* Módulo II de los cuadernillos de “Historia de la Educación y política educacional Argentina”; textos: “Postmodernidad y escuela secundaria”, Obiols; “Diagnóstico de la Postmodernidad”, González Carvajal; “El problema de la Educación actual” (fragmento), Labaké.
* Gambra, Rafale; “Historia sencilla de la Filosofía”; Ed. RIALP, 18va.edición, Madrid 1992.
[1] Catecismo de la Iglesia Católica 1804
[2] Catecismo de la Iglesia Católica 143ss
[3] Rm. 4,20
[4] Lc. 1,38
[5] Catecismo de la Iglesia Católica 150
[6] Dei Verbum 5.
[7] Santo Tomás, Suma Teológica II-II, 171, 5, ad. 3.
[8] Gaudium et spes, 36, 2
[9] Dignitatis humanae 10 y 11
[10] Catecismo de la Iglesia Católica 162
[11] Royo Marín, “Teología de la Perfección Cristiana”, BAC pag.475
[12] Berger Peter, “Un mundo sin hogar”
[13] JPII, “En las puertas del tercer milenio”
